martes, 27 de septiembre de 2011

Delfines

  Son el segundo animal con el cerebro más grande en proporción al cuerpo, por delante de los chimpancés y solo por detrás del ser humano. Son muy sociables, poseen formas de comunicación realmente complejas, son capaces de usar herramientas,  son capaces de reconocerse en espejos, practican el sexo por placer y no solo por funciones reproductivas y parece ser que cada individuo se identifica con un nombre.

  Componiendo una familia de 34 especies, los delfínidos o delfines oceánicos han sido admirados desde antiguo por su belleza y su elegancia en el mar, y posteriormente por su inteligencia, que es lo que aquí nos interesa.

  Sus capacidades de aprendizaje resultan a menudo muy sorprendentes. Se ha encontrado que los delfines de la Bahía de Shark (los llamados delfines nariz de botella), en Australia, han aprendido a colocarse esponjas en el hocico para protegerlo al buscar peces escondidos en la arena. Además de protegerles el hocico, parece que así pueden encontrar determinadas presas ilocalizables mediante ecolocalización (que funciona como un sonar,representando el espacio a partir del reflejo de ultrasonidos emitidos). Esta técnica se transmite de generación en generación conformando así una pequeña cultura, algo se creía único de seres humanos y algunos primates superiores.
En la crianza, las madres transmiten
 cantidad de conductas a las crías.

  Otra investigación, llevada a cabo por Diana Reiss, de la Universidad de Columbia, y por Lori Marino, de la Universidad de Emory, comprobó que los delfines (también los delfines nariz de botella) eran capaces de reconocerse en espejos. Para ello, tras colocar espejos en su acuario, se les marcó con manchas de tinta y se les dejó que se observaran. Luego se les tocó como si les estuvieran marcando de nuevo pero sin hacerlo de  verdad, y los delfines se volvieron a mirar en el espejo durante largo rato girándose de forma que se pudieran ver donde habían sido tocados. Esto parece demostrar que son capaces de reconocerse, lo cual se relaciona con la autoconciencia. Es una habilidad que se creía exclusiva de algunos primates y seres humanos.

  En cuanto a su estructura social, pueden formar grupos de características muy diversas dependiendo de condiciones ambientales como disponibilidad de alimento, depredadores y características físicas del entorno; desde rebaños de cientos de individuos hasta un pequeño rango hogareño. Lo más habitual son grupos de menos de 15 individuos compuestos por hembras adultas y ejemplares jóvenes y crías. Los machos suelen moverse de unas bandas a otras con intereses reproductivos, pero a veces también forman pequeñas alianzas muy duraderas, y otras veces los jóvenes forman grupos por su cuenta.

  Su lenguaje es un mundo aparte. Usan sonidos para la ecolocalización, pero especialmente parece que los usan para comunicarse. Se valen de chasquidos y silbidos que para nosotros son imposibles de difíciles de diferenciar por estar en otras longitudes de onda que las que percibimos. Se ha observado que son distintos los cantos que hacen cuando se alimentan que cuando cazan o cuando un grupo de delfines se encuentra con otro. Usan también el lenguaje no verbal: por ejemplo, el chapoteo de la cola puede dividirse en 30 tipos distintos con diferente significado.

  Se ha especulado mucho con que si su lenguaje es auténtico o solo son pautas predefinidas sorprendetemente complejas; y si de ser auténtico podríamos hablar con ellos. Pero lo más probable parece ser que la naturaleza de su pensamiento sea distinta del nuestro, por lo que no podemos tratar de pensar en su lenguaje como un idioma más, sino como todo un modo de acercamiento al mundo distinto.

  El conocimiento humano es una herramienta de adaptación al medio; es una estructura abstraída para predecirlo y manejarse en él. Es una adaptación; sería muy antropocentrista suponer que el conocimiento, pensamiento y lenguaje de los delfines sea de la misma naturaleza que el nuestro.

  Una similitud que seguramente tengan ambos lenguajes es la ley de la brevedad. Y además, probablemente sea una facultad que también trate de predecir el medio; pero es muy fácil que sea distinta de nuestro conocimiento en aspectos que quedan sencillamente fuera de nuestros límites, como a ellos le queda fuera de sus límites comprender el nuestro. Lo que sí es posible es interactuar con ellos describiendo su comportamiento y naturaleza no en los mismos términos que ellos, sino en los nuestros.

  Como conclusión, que sí tiene sentido tratar de comprenderlos e incluso tratar de transmitirles alguna información (que sería lenguaje); pero pretender pensar como ellos y hablar su ''idioma'' es antropocentrista, falto de perspectiva.


  Hay formas de interacción que ya hemos logrado con ellos, y con otros muchos animales; es el caso de el entrenamiento que se les hace en los acuarios para exhibirlos, algo parecido a lo que se hace con otros muchos animales, solo que los delfines nos dan muchas más posibilidades; por su belleza, agilidad y especialmente por sus altas capacidades de aprendizaje.

  Pero no todo el mundo adora y admira y estos cetáceos; en algunos lugares del mundo son terriblemente maltratados. En Taiji, un pequeño pueblo pesquero de Japón, cada año se acorralan cientos de delfines para cazarlos de forma totalmente masiva y descontrolada, matando hasta 2000 delfines anuales. En las Islas Feroe, cerca de Dinamarca, también se llevan a cabo cazas indiscriminadas de delfines calderones, en peligro de extinción, cada año. En los años 80 en las aguas de la costa peruana se mataban anulamente entre 15.000 y 20.000 delfines nariz de botella y delfines oscuros anualmente, hasta que en 1996, afortunadamente, se prohibieron tales prácticas, reduciéndolas en gran medida aunque no del todo.

  Se puede profundizar mucho más en cada uno de estos temas, pero esto nos llega para llamar la atención sobre lo interesantes que pueden llegar a ser estos admirables habitantes del océano.

  Adorados y maltratados, los delfines nos cautivan con su elegancia, nos sorprenden con su inteligencia, nos permiten comprender mejor la naturaleza e incluso reflexionar sobre nuestros propios límites de conocimiento. En la célebre Guía del Autoestopista Galáctico, Douglas Adams escribió: ''Por ejemplo, en el planeta Tierra, los hombres siempre habían asumido que eran más inteligentes que los delfines por haber conseguido tanto -la rueda, Nueva York, las guerras y todo eso- mientras que todo lo que los delfines habían hecho jamás era retozar en el agua pasándoselo estupendamente. Pero al mismo tiempo, los delfines siempre habían creído ser mucho más inteligentes que los hombres precisamente por las mismas razones.''

  Bibliografía: multitud de artículos se pueden encontrar en internet; recomiendo recurrir a aquellos que tengan base y fundamento científico.
  Palabras clave: delfines, inteligencia, lenguaje, espejos, esponjas, estructura social, matanza.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Ojos y volcanes

Podemos imaginar desde volcanes llenos de lava...
  Imagínese un volcán que echa lava azul, luego que esa lava adopta lo forma de una ballena y esta sitúela en las profundidas del océano, donde se cruza con todo tipo de criaturas como enormes tiburones o calamares gigantes. Imagínese que se come uno de esos calamares junto a sus amigos en un restaurante, ya puestos, lujosísimo, donde los camareros le tratan como a un rey y le ofrecen espectáculos de magia, donde un sapo se convierte en un apuesto príncipe tras ser besado por una bella joven vestida de princesa. Imagínese como el sapo se convierte en dicho príncipe tras rodearse de una nube dorada resplandeciente que suelta confeti en todas direcciones.

  Imagínese todo eso y diga: ¿No resulta notable la capacidad que tenemos de hacer lo que se nos antoje en nuestra cabeza, de realizar cualquier transformación aunque nunca la hayamos visto, recrear paisajes que no tenemos delante, representar las situaciones que queramos cuando queramos? ¡Qué menos que decicarle a esta curiosa facultad un poco de atención!

  En la psicología cognitiva, las imágenes mentales han sido objeto de estudio y se considera que el sistema que se encarga de crear y manipular imágenes mentales está en la memoria operativa (dicho brevemente, la información de la memoria que estamos tratando en el momento); y dicho sistema recibe el rimbombante nombre de agenda visoespacial.
...hasta ballenas en las profundidades.
  Es una de las dos grandes facultades de la mente cuya base biológica se sitúa en la corteza prefrontal del cerebro, junto con el lenguaje. Ambas se complementan y nos son sumamente útiles, si el lenguaje nos permite mayor abstracción y además comunicación (con todo lo que ésta permite), la manipulación de imágenes es más precisa y concreta, permite hacer cálculos en el espacio y experimentos; y aunque el lenguaje es originariamente propio de la audición, la cultura evolucionó notablemente desde la aparcición de la escritura (de hecho, es lo que marca el inicio de la historia), que ya se percibe visualmente.

  Stephen Kosslyn, director del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Stanford, nos mostró experimentalmente como existe un paralelismo entre las imágenes mentales y la realidad, concretamente en la preservación del tamaño. ¿Cómo se las arregló para estudiar algo tan inaccesible a quien no está en la cabeza de la persona que imagina? Pues le pidió a los participantes que se imaginasen pares de animales, uno siempre más grande que el otro, y se les preguntaba por características visibles (como el número de patas). Se obtuvo como resultado que se respondía más rápido siempre a las preguntas sobre el que era el más grande. Como se suponía que al ser mas grande en nuestra imaginación debería ser más fácil realizar esa inspección, los resultados confirmaban las hipótesis de Kosslyn. Esto, junto con otros estudios similares, nos sugiere que la imaginación repite las características observadas en el exterior, lo cual nos permite experimentar en nuestro interior.

  A partir de formas vagas o imprecisas podemos interpretar figuras o formas para divertirnos (como al ver las formas de las nubes; en el ámbito sexual disponemos de un buen puñado de ejemplos) o también para estudiar los condicionantes de nuestro subconsciente, método usado en el test proyectivo de Rorschach, el célebre test de las manchas ambiguas.

  Además, en el aprendizaje de conceptos la vista (entendemos que esta va vinculada a la imaginación) tiene un vital papel. Baste con poner de ejemplo la noción de ''cantidad'', basada por completo en una percepción visual y que es previo y necesario para el desarrollo de las matemáticas.
La visión tiene un papel protagonista
 en el proceso del conocer.

  Y otra enorme utilidad la encontramos en el conocimiento. ¿Cuántas palabras usamos al hablar de qué es verdad o qué es fiablemente verosímil referidas al aspecto visual? Evidencia (en latín aquello que se ''ve en el exterior'', y no en nuestro interior), demostrar (hacer ver, mostrar), teoría (originariamente, en griego, era la búsqueda de la verdad, en el sentido de tratar de verla; de esa misma palabra vienen teatro, idea, y teorema) y observar (que se usa como sinónimo de prestar atención y analizar minuciosamente).

  De hecho en la ciencia, uno de los requisitos para que una teoría sea válida es que quede confirmada en un experimento que se pueda ver; se habla de evidencia a favor de una teoría, o apoyo empírico. Aunque el adjetivo empírico se puede referir a cualquiera de los sentidos, en ciencia siempre se refiere a la modalidad visual, y por eso los resultados se expresan en gráficos. Una información en código visual es mucho más fácil de percibir y transmitir que de cualquier otro modo.

   En mi opinión sería muy interesante poder poner a la vista otras sensaciones, no solo las visuales, como las del tacto, sentido al que le corresponden la percepción de las emociones (al menos del aspecto de las sensaciones de nuestro interior, como el ''nudo en la garganta'', el removimiento de tripas, etc.) . Y opino que la imaginación es una de las facultades más interesantes y que nos ayuda a meternos en los libros que leemos, las historias que oímos, a recordar paisajes bellos o momentos alegres, o a recordar que la nube dorada resplandeciente era la transformación del sapo en el lujoso restaurante donde nos trataban como a reyes y donde nos comíamos aquel calamar gigante que había vagado por las mismas profunidades que la ballena que en realidad era lava azul escupida por aquel furioso volcán.

  Bibliografía:
  -Entrevista (que recomiendo leer) a Stephen Kosslyn en diario El País: Periodismo con futuro: Stephen Kosslyn
  -Artículo de la revista Psicothema: El papel de la agenda visoespacial en la adquisición del vocabulario ortográfico

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Walden Dos: Skinner y el conductismo

Burrhus Frederic Skinner (1904-1990)
  Walden Dos es el libro publicado por Burrhus Frederic Skinner en 1948, en el que expone su línea más filosófica conduciendo al lector por la comunidad que según él sería la ideal. El nombre viene del libro que le inspiró, Walden, escrito por David Henry Thoreau en 1854. Es una original y sorprendente utopía basada en los mismos principios que las teorías psicológicas de aprendizaje de Skinner; los mecanismos de refuerzo positivo y castigo.
  El libro nos cuenta una visita a la comunidad en la que los visitantes son el narrador (un catedrático de psicología), un profesor de filosofía y 4 jóvenes, y son guiados por Frazier, quien tuvo la idea original de Walden Dos y defiende todo el diseño.
  En Walden Dos la gente trabaja alegremente 4 horas diarias y satisface sobradamente las necesidades de la comunidad (por la ''motivación adicional que nace cuando un hombre trabaja para sí mismo en lugar de hacerlo para un jefe''). La educación; un mundo aparte: todos los adultos cuidan de todos los niños y desaparece así la familia y con ella toda competitividad, los niños afrontan pequeñas pruebas para hacer desaparecer toda envidia, cólera o emoción negativa.
  La vida de las personas de Walden Dos es plena; éstas sienten que hacen lo que les gusta, que están solo con quien disfrutan, que viven la vida que quieren. Los razonamientos que subyacen para el diseño de semejante cultura son realmente rigurosos; la lucha por la supervivencia ha configurado una sociedad competitiva que impide a las personas sentirse plenamente libres. Pero la ciencia, según Skinner, ya ha dado con los principios necesarios para diseñar una cultura en la que las personas puedan convivir sin conflictos y felizmente.
Portada de Walden Dos
en castellano
  Es la llamada ''ingeniería de la conducta'', la cual muestra que si en lugar de castigar las conductas inadecuadas para la sociedad, premiamos aquellas realmente convenientes, el aprendizaje es mucho más robusto y sobre todo, da a las personas sensación de libertad.
  Tal es la solución que nos propone Skinner. Nunca en la historia se tuvo la oportunidad de realizar tal experimento a nivel colectivo, y por eso no se pudieron descubrir antes estos principios. Sólo en Walden Dos, la sociedad científicamente construida, se puede observar como todos pueden alcanzar la felicidad.
  Esto es posible para Skinner porque según él la libertad solo es una sensación; son los principios del aprendizaje quienes definen lo que queremos hacer en cada momento; si lo que queremos es castigado, sentimos que no podemos hacer lo que se nos antoja; y pero si se premia lo que es bueno para la sociedad, la gente se siente libre y desea hacer precisamente lo que es bueno para todos.
  Pero ahí está precisamente su error: niega por completo la existencia de la voluntad y la libertad, lo único que hay son las sensaciones de hacer o no lo que deseamos. Skinner se fundamenta en una visión determinista de la voluntad, y mi opinión al respecto ya la expuse en otro artículo (Libet y la voluntad): la conducta no solo está determinada por los aprendizajes; influye también la voluntad, la conciencia o la toma de decisiones, llame como se le llame.
  Al añadir el libre albedrío al ser humano, se vuelve mucho más difícil crear Walden Dos; el ser humano es mucho más complejo e impredecible. Yo diría que no está tan privado de su libertad en la sociedad como le parece a Skinner, aunque hay que señalar que él escribió su libro en la mitad del siglo pasado; la sociedad ha cambiado mucho desde entonces.
  El libro también nos ayuda a comprender mejor los principios del conductismo: en la corriente conductista, la conciencia era solo un fenómeno secundario a estudiar, era un subproducto en la cadena de estímulo-respuesta, y lo que determinaba la respuesta, lo que interesaba estudiar, era la asociación de estímulos o los mecanismos de refuerzo y castigo. Se menospreciaba por completo el pensamiento y la existencia de la mente en general; solo los fenómenos observables pueden ser estudiados y solo estos, decían los conductistas, nos pueden dar la pista de como funcionamos.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Libet y la voluntad

  En 1985, el célebre neurólogo estadounidense Benjamin Libet se propuso el ambicioso objetivo de indagar las bases neurales de la toma de decisiones, y con ella la voluntad y el libre albedrío. No sería su única publicación al respecto, pero si la que más controversia generó, llegando a profundizar en el tema otras investigaciones aún recientes.
  El experimento de Libet consistía en que los participantes, con electrodos que medían su actividad cerebral, se sentaran frente a un cronómetro y pulsaran cuando quisieran un botón. Después debían informar del tiempo que marcaba el cronómetro cuando ellos decidían pulsar el botón, o al menos del momento en que sentían que lo decidían.
  ¿Porqué esa distinción entre decidir y sensación de decidir? Porque los sorprendentes resultados nos indican que la actividad cerebral previa a la toma de esa decisión nos permite predecir, más allá de la casualidad, cuando se iba a pulsar el botón antes de que los sujetos del experimento sintieran que tomaban esa decisión.
  El experimento dejaba lugar a dudas entre si esa descoordinación no sería cuestión de la percepción, un desfase entre la toma de decisión y el fijarse en el cronómetro, pero un estudio posterior (llevado a cabo por John-Dylan Haynes en el 2009) nos mostró que dicha descoordinación es de 7 segundos, al menos en el proceso de decidir pulsar un botón.
  Pero yo no voy a criticar si estas investigaciones realmente demuestran que las decisiones se toman en procesos neurales antes que por la facultad volitiva, voy a asumir que no me dejan lugar a dudas.
  El propio Libet propuso un modelo en el que la conciencia no toma la decisión, pero sí es capaz de anularla, tiene posibilidad de veto. Este modelo es perfectamente consistente con los datos. Pero las posturas más radicales creen que estos experimentos constituyen una evidencia a favor del determinismo: la voluntad es solo una sensación, todas nuestras decisiones están motivadas por causas ajenas a aquella.
Benjamin Libet
  Es sobre esta última postura sobre la que quiero hablar yo. Constutuye una subestimación de la voluntad: en los actos humanos, ésta tiene un papel secundario. Como en la física, la mente humana está totalmente determinada por otras causas; no queda lugar para un agente que pueda intervenir cambiando a capricho esas consecuencias necesarias que son las decisiones.
  No existiría la libertad ni el libre albedrío, éstos son solo sensaciones. Procesos neurológicos fuera de nuestro alcance son los que determinan nuestros actos. Esto recuerda mucho al conductismo (en lugar de reflejos condicionados) y al psicoanálisis freudiano (en lugar de procesos subconscientes).
  Pero, ¿quien ha dicho que la voluntad sea un factor misterioso que cambia a su gusto las consecuencias necesarias de las disposiciones neurológicas? No: la voluntad y la conciencia son procesos cuyo mecanismo, por muy intrincado e inaccesible que sea, es cognoscible y se compone de causas y efectos.
  Así, acerca de esa inutilidad de la voluntad que propone el determinismo estos experimentos no nos dicen nada en absoluto; al contrario, confirman que la voluntad sea cognoscible y nos dan algunas pistas, que sugieren ese modelo que defiende Libet.
  Quedan refutadas tanto la postura determinista (llamada a veces ''determinismo metafísico'') que subestima la voluntad, como aquella otra que ignora cualquier otro factor que no sea la voluntad en las decisiones y que la convirte en misterio inexcrutable, en favor de una visión compleja pero accesible de la voluntad, y que posibilita la libertad y el libre albedrío.

Bibliografía:
-Artículo con esta misma discusión en la revista Themata, por Francisco Soler Gil (2009): http://institucional.us.es/revistas/themata/41/34soler.pdf
-Página web en la que se trata: http://www.colmed5.org.ar/Noticias/albedrio.htm

-Artículo de wikipedia sobre Benjamin Libet: http://es.wikipedia.org/wiki/Benjamin_Libet